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San Martín y el vino nuevo

El 11 de noviembre se abre el barril, se ponen las castañas al fuego y, antiguamente, se cargaba el carro para mudarse. Historia y ritos de una fiesta de otoño que en Bolonia huele a osteria.

4 de noviembre de 2026

Cuadro de Van Dyck: san Martín a caballo comparte su capa con un mendigo

Antoon van Dyck, San Martino divide il mantello con il povero (1618 circa) – Wikimedia Commons · Pubblico dominio

En Bolonia, noviembre llega con la niebla, las primeras bufandas y una cita que los boloñeses no apuntan en el calendario porque se la saben de memoria. El 11 de noviembre es San Martino, San Martín: el día en que, dice el refrán italiano, todo mosto se hace vino. En la osteria, la taberna de vinos tradicional, se abre el vino nuevo, las castañas crepitan en el fuego y alguien, inevitablemente, empieza a hablar del tiempo.

¿Quién era Martín?

Martín nace hacia el año 316 en Panonia, en la actual Hungría, y de joven acaba en el ejército romano. Su historia más famosa ocurre a las puertas de Amiens, en la Galia, en un día helado: se cruza con un pobre medio desnudo, saca la espada y corta su capa en dos para darle la mitad. Esa noche, cuenta la tradición, Cristo se le aparece en sueños, envuelto precisamente en esa media capa.

Más tarde Martín deja el ejército y se convierte en obispo de Tours. Muere en Candes en el año 397, y su fiesta cae el 11 de noviembre. Desde entonces su nombre está ligado a un momento concreto del año: aquel en que terminan las labores del campo y se hacen las cuentas.

El verano que dura tres días

Según la leyenda, en cuanto Martín partió la capa dejó de llover y salió un sol tibio, como si el cielo quisiera darle las gracias. De ahí viene el veranillo de San Martín, esos días templados que a veces interrumpen el gris de principios de noviembre. El refrán italiano es preciso: dura tres días y un poquito. Ni uno más, ni uno menos. En Bolonia, esos tres días se disfrutan sentados fuera, bajo un pórtico, con una copa en la mano.

Abre el barril

El vino entra en escena por razones de calendario, no de santidad. La vendimia terminó hace unas semanas, el mosto ha hecho su trabajo en las tinas y a mediados de noviembre toca probarlo. Por San Martín se espita el barril, se decía en el campo: se abría el vino joven y se sabía cómo había ido el año. Junto a la copa, las castañas, que maduran justo en esta época: a San Martino castagne e vino, «por San Martín, castañas y vino», como dice otro refrán.

Las osterie boloñesas son el lugar natural para este rito. No hace falta un evento oficial: basta una mesa de madera, un quartino (una jarrita) de vino nuevo y un cucurucho de castañas asadas. Así nos gusta.

«Hacer San Martín»

Hay también un San Martín menos alegre, que los abuelos recuerdan bien. Durante siglos, el 11 de noviembre fue el día en que, en el campo del norte de Italia y también aquí en Emilia-Romaña, vencían los contratos agrarios, sobre todo los de mezzadria, la aparcería: una familia campesina trabajaba la finca de un propietario a cambio de la mitad de la cosecha. Se cerraban las cuentas entre amos y campesinos y, si el contrato no se renovaba, la familia del aparcero tenía que dejar la finca.

Así que, por San Martín, se cargaba todo en el carro: muebles, herramientas, animales, toda la familia. De ahí viene la expresión fare San Martino, «hacer San Martín», que en muchas partes de Italia todavía significa mudarse, o al menos vaciar el trastero. La aparcería ya no existe, pero el dicho se ha quedado.

Los cuernos de Santarcangelo

En la Romaña, San Martín tiene además un lado más pícaro. En Santarcangelo, durante la feria del santo, se cuelgan unos cuernos enormes bajo el arco de la piazza Ganganelli. La tradición dice que, si se balancean cuando pasa un hombre por debajo, es que su mujer le ha puesto los cuernos. Todo viene de las ferias de ganado de estos días y de los becchi, los machos cabríos, que se vendían allí. Lo demás lo puso la imaginación romañola.

Carducci y el olor de las tinas

El San Martín más famoso de la literatura italiana lo escribió un boloñés de adopción. Giosuè Carducci llegó a la Universidad de Bolonia en 1860 y enseñó allí hasta 1904; vivió en la ciudad hasta su muerte, en 1907. En su libro Rime nuove está el poema San Martino, que generaciones de escolares italianos se han aprendido de memoria. Empieza con la niebla que sube, entre la llovizna, hacia las colinas erizadas, y poco después llega el olor áspero de los vinos que fermentan en las tinas. Noviembre, en pocas líneas.

Un San Martín en la ciudad

Si queréis rendir homenaje al santo, en Bolonia también está su iglesia: San Martino, en la via Oberdan, a dos pasos de las Dos Torres. Desde el siglo XIII fue la iglesia de los carmelitas; la fachada gótica se rehízo en 1879 y sobre la puerta lateral hay un relieve del siglo XVI con san Martín. Dentro guarda obras de Francesco Francia, Amico Aspertini, Lorenzo Costa e incluso un fragmento de fresco de Paolo Uccello. Pocos turistas, mucho silencio.

Nuestro consejo. El 11 de noviembre dad una vuelta por el centro, entrad un momento en San Martino y luego buscad una osteria con vino nuevo y castañas. Si hace sol, es el veranillo de San Martín: aprovechadlo, dura poco.

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