Santo Stefano, las Siete Iglesias
Lo llaman las Siete Iglesias, pero hoy son cuatro. Dentro hay una Jerusalén en miniatura, una pila que no tiene nada que ver con Pilato y un gallo de piedra.

A cinco minutos de las Dos Torres hay un lugar donde el ruido de la ciudad se apaga de golpe. Llegas a la piazza Santo Stefano, empujas una puerta y te encuentras en un pueblecito de ladrillo: iglesias encajadas unas en otras, patios, un claustro y hasta un gallo. Los boloñeses lo llaman le Sette Chiese, las Siete Iglesias, y el nombre ya es la primera sorpresa.
¿Siete? Digamos cuatro
Durante siglos el conjunto contó siete edificios sagrados. Después, entre finales del siglo XIX y principios del XX, las restauraciones derribaron, unieron y reconstruyeron, y hoy las iglesias propiamente dichas son cuatro: el Crocifisso (Crucifijo), el Santo Sepolcro (Santo Sepulcro), los Santos Vital y Agrícola y la Trinità (Trinidad). Pero el nombre antiguo se quedó, y nadie en Bolonia piensa cambiarlo. Además, si se cuentan los patios, el claustro y el museo, los lugares que visitar vuelven a ser siete.
Una Jerusalén a la vuelta de la esquina
Aquí las fechas se amontonan. Según la tradición, en este lugar había un templo romano dedicado a Isis. A finales del siglo IV se depositaron aquí los restos de Vital y Agrícola, los primeros mártires boloñeses. En el siglo V el obispo Petronio, hoy patrón de la ciudad, habría querido reconstruir en Bolonia los santos lugares de Jerusalén. De ahí el otro nombre del conjunto: Santa Gerusalemme, la Santa Jerusalén.
El corazón de esta idea es el Santo Sepulcro, una iglesia de planta octogonal que reproduce la tumba de Cristo. Dañada por las incursiones de los húngaros en el siglo X, la reconstruyeron los monjes benedictinos. Durante siglos guardó el cuerpo de san Petronio, que en el año 2000 fue trasladado a la basílica de la Piazza Maggiore que lleva su nombre.
La pila de Pilato (que no es de Pilato)
Detrás del Sepulcro se abre el patio de Pilato, con sus pórticos románicos de ladrillo. El nombre recuerda el lugar de Jerusalén donde Jesús fue condenado. En el centro hay una gran pila de piedra que todos llaman el catino di Pilato, la palangana de Pilato. En realidad es lombarda, del siglo VIII: una inscripción nombra a los reyes Liutprando e Hildeprando, que la habrían donado. Vamos, que Pilato nunca se lavó las manos en ella. Pero intenta convencer a un boloñés de que la llame de otra manera.
Fíjate también en las columnas del pórtico: sobre una de ellas hay un gallo de piedra, el «gallo de San Pedro». Recuerda el canto que, en los Evangelios, sigue a la negación del apóstol. Nos gusta pensar que también hace de guardián.
Las otras iglesias
Casi siempre se entra por la iglesia del Crocifisso, de origen lombardo. Debajo está la cripta con las reliquias de Vital y Agrícola, un pequeño bosque de columnas todas distintas. Una de ellas, que según la leyenda Petronio trajo de Tierra Santa, tendría la altura de Cristo: alrededor de un metro setenta. Dan ganas de ponerse al lado y medirse.
La iglesia de los Santos Vital y Agrícola, sobria y severa, es la de origen más antiguo y fue rehecha en el siglo XII. La Trinità, en cambio, se reconstruyó en estilo neorrománico a finales del siglo XIX. Guarda un grupo de estatuas de madera policromada del siglo XIV con la Adoración de los Magos, pintado por Simone dei Crocifissi: se considera uno de los belenes de estatuas más antiguos que se conocen. En diciembre impresiona.
El claustro y el museo
Al final del recorrido está el claustro de los Benedictinos, medieval, con dos pisos de galerías superpuestas. Es el sitio ideal para sentarse un minuto y mirar hacia arriba. Al lado, un pequeño museo reúne pinturas, relicarios y el fragmento de un fresco del siglo XIII con la matanza de los inocentes, superviviente de la decoración del Sepulcro.
Consejo práctico. Sigue siendo un lugar de culto: ropa adecuada, voz baja y nada de visitas durante las misas. Consulta los horarios en la web oficial de Bologna Welcome antes de ir. Al salir, siéntate un momento en la piazza Santo Stefano: es uno de los «salones» más bonitos de la ciudad.
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