Laura Bassi, la profesora que daba clase en su salón
En 1732, con veinte años, defiende sus tesis ante media Bolonia. La universidad la nombra profesora, pero no la deja entrar en las aulas. Ella se las arregla: monta un laboratorio en casa.

Carlo Vandi, ritratto di Laura Bassi (XVIII secolo) – Wikimedia Commons · Pubblico dominio
Cerca de los Giardini Margherita hay una calle que se llama via Laura Bassi Veratti. Muchos boloñeses pasan por ella a diario sin preguntarse quién era la señora del cartel. Os la presentamos: es la mujer que, en el siglo XVIII, convenció a la universidad más antigua del mundo occidental de que la dejara enseñar. Más o menos.
Una chica que estudiaba demasiado
Laura Bassi nace en Bolonia en 1711, hija única del abogado Giuseppe Bassi. Sus primeras lecciones se las da un pariente sacerdote, Lorenzo Stegani. Después toma el relevo el médico de la familia, Gaetano Tacconi, que enseña en la universidad y se da cuenta enseguida de que tiene delante a una alumna fuera de lo común.
En 1731 Tacconi organiza una especie de examen privado: a interrogar a la joven acuden algunos sabios de la ciudad y el cardenal arzobispo Prospero Lambertini, el futuro papa Benedicto XIV. Lambertini queda impresionado y, desde entonces, se convierte en su gran protector.
1732, el año de los milagros
Lo que pasa después, la Universidad de Bolonia lo llama su annus mirabilis. En marzo Laura entra en la Academia de Ciencias: es la primera mujer que forma parte de ella. El 17 de abril defiende en público 49 tesis de filosofía frente a los profesores de la universidad, en el Palazzo Pubblico, el actual Palazzo d’Accursio, el ayuntamiento. Unas semanas después, en mayo, llega el doctorado en filosofía. Tiene veinte años.
Y no acaba ahí. En junio defiende otras tesis para obtener el derecho a enseñar, en otoño recibe un cargo en filosofía natural y en diciembre da su primera clase.
Profesora, pero no tanto
Había, sin embargo, una trampa. Laura solo podía enseñar en ocasiones especiales, las lecciones públicas y solemnes. Las clases normales, solo para chicos, le seguían cerradas. Era una profesora para enseñarla, más que para escucharla.
En 1738 se casa con Giuseppe Veratti, médico y también profesor de física. Tienen ocho hijos, y cinco llegan a la edad adulta. Mientras tanto, Laura pide más horas de clase. La respuesta es no.
El laboratorio en el salón
Así que, si los estudiantes no pueden ir a verla a la universidad, van a verla a casa. Desde 1749 el matrimonio Bassi Veratti imparte en su casa cursos regulares de física experimental, con un laboratorio propio. Laura es una seguidora convencida de Newton, y sus clases llevan a Bolonia la física nueva, hecha de experimentos más que de palabras. Con su marido estudia también los usos de la electricidad en medicina.
El salón se convierte en un pequeño centro científico. Entre los alumnos hay un joven pariente suyo, Lazzaro Spallanzani, que llegará a ser uno de los grandes biólogos del siglo. También pasa por allí Alessandro Volta. Voltaire le escribe con admiración. El Senado de la ciudad, impresionado, le sube varias veces la paga: lo que sea, con tal de no dejarla entrar de verdad en las aulas.
Su viejo amigo Lambertini, ya papa, también pone su granito de arena. En 1745 crea dentro de la Academia un grupo selecto de estudiosos, los Benedettini, y Laura entra en él. Pero como miembro adicional, sin derecho a voto: así ningún colega varón perdía su puesto. El mundo cambiaba, pero sin prisas.
Por fin, la cátedra
La revancha llega tarde. En 1776, pasados ya los sesenta, Laura Bassi obtiene la cátedra de física experimental en el Istituto delle Scienze, el Instituto de Ciencias de Bolonia. Es la primera mujer del mundo a la que se confía una cátedra universitaria de física. ¿Su asistente oficial? Su marido. Nos gusta imaginar las sobremesas en esa casa.
La disfruta poco: muere en Bolonia el 20 de febrero de 1778. Está enterrada en la iglesia del Corpus Domini, la misma donde descansa Luigi Galvani, el hombre de las ranas y la electricidad animal.
Por qué recordarla
Laura Bassi no cambió ella sola las reglas de su tiempo. Las dobló, con paciencia, hasta que le hicieron sitio. Hoy en Bolonia llevan su nombre una calle y varios colegios, y en 2021 Google le dedicó su doodle del 17 de abril, aniversario de sus 49 tesis. Nada mal para alguien que solo debía dar clase en los días de fiesta.
Tras sus pasos. El punto de partida es la Piazza Maggiore: fue en el Palazzo d’Accursio donde Laura defendió sus tesis. Después, un paseo hasta los Giardini Margherita para saludar a su calle.


